Qué es un despido improcedente

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Por desgracia, los despidos se han convertido en una constante en los últimos años en las empresas, que en  muchos casos han optado por recortar al máximo sus plantillas como solución más fácil -y menos justa- para reducir sus pérdidas o para no ver perjudicados sus beneficios.

Qué es un despido improcedente (Istock)

Qué es un despido improcedente (Istock)

Aunque la salida no deseada de una empresa por parte de un trabajador siempre es una situación difícil y desagradable, más lo es aún cuando alguna empresa intenta convertir un despido improcedente en un despido procedente con el fin de ahorrarse la consiguiente indemnización. Por eso es importante tener claro cuándo un despido es procedente y cuando es improcedente.

Los despidos pueden ser, por una parte, disciplinarios (como consecuencia de un incumplimiento grave o continuado de las obligaciones del trabajador), objetivos (por causas económicas, técnicas, organizativas o de producción) o colectivos (ERE). Y, por otra parte, los despidos también pueden ser procedentes, improcedentes o nulos.

Un despido es procedente cuando los argumentos que expone la empresa para prescindir de uno de sus empleados están justificados y demostrados. En caso de no aportar y demostrar una causa justificada, o también en caso de no haber seguido los requisitos formales exigidos legalmente, el despido es improcedente. Y, por último, un despido se considera nulo cuando se basa en algún tipo de discriminación que recoge la Constitución Española, como los relacionados con el sexo, nacionalidad, religión u orientación sexual del trabajador.

Lo más normal es que, si no hay razones que justifiquen un despido disciplinario, la propia empresa reconozca la improcedencia del despido y pague la indemnización correspondiente al trabajador en función del período de tiempo que haya trabajado para la empresa. Sin embargo, no siempre es así y, de hecho, los casos en los que una empresa intenta ahorrarse la indemnización son mucho más frecuentes de lo deseable.

Cuando el trabajador no está conforme con el despido -mejor firmar como “no conforme” los documentos del despido para guardarnos la posibilidad de reclamar posteriormente-, tiene derecho a impugnarlo judicialmente para que un juez determine si el despido es procedente, improcedente o nulo. En caso de que el fallo sea favorable al empleado, la empresa deberá readmitir al trabajador o pagar la indemnización correspondiente.

Con independencia del tipo de despido, y salvo que el empleado sea readmitido por la empresa, el trabajador estará en situación legal de desempleo y tendrá derecho a solicitar una prestación contributiva si reúne los requisitos necesarios para cobrar el paro.

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